Pendulada de los pies, boca abajo, con los pensamientos cayendo y goteando de a poquito. Chorreando angustias, nervios, palabras como para ahorcado, ansiedá, excitación, letras que se mueven y practican ballet por todas las hojas y uf, muchos uf.
Ando buscando la batidora para hacer un punto nieve de todas estas sobras y decorar algún que otro basurero con esta crema pegajosa.
Falta poco, puede faltar poco. Falta lo que yo quiera.
Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
Ayúdame a mirar!